
La Union Europea constituye un actor internacional de relevante importancia frente a la comunidad internacional que actualmente se encuentra conformado por 27 Estados, ademas de contar con instituciones sólidas que abogan por consolidar verdaderamente un proceso de integracion que se encamine en el beneficion de sus millones de habitantes.
El 1ero de diciembre de este año, entro en vigor, el Tratado de Lisboa, lo que generó una interesante discusion sobre los alcances significativos, sin antecedentes, que esto representaba para Europa y el resto del mundo, ya que dicho Tratado, introduce grandes cambios constitucionales con el objetivo de racionalizar el proceso decisorio y dar a la UE mayor protagonismo en la escena internacional.
La aprobación del nuevo Texto, requería su ratificación por todos los países miembros, proceso que concluyó hace apenas unas semanas. En octubre volvieron a las urnas los votantes irlandeses, esta vez para dar el sí. Poco después cejaba en su oposición el Presidente checo y quedaba así superado el último obstáculo.
Hace un mes, a modo de aperitivo del día señalado, los dirigentes europeos se reunieron para cubrir dos nuevos cargos creados en virtud del Tratado. El Primer Ministro belga, Herman Van Rompuy, era elegido primer Presidente permanente de la Unión, mientras que la Comisaria Catherine Ashton se convertía en Alta Representante de Política Exterior. También podrán tomar posesión de su escaño los 18 diputados europeos elegidos en junio con arreglo a las normas del nuevo Tratado.
Entre otros muchos cambios, el Tratado supone una nueva ponderación de los votos entre los países miembros, la eliminación del veto en una serie de áreas, la ampliación de las competencias de la Comisión y una presencia mucho mayor del Parlamento en el proceso legislativo.
Un nuevo mecanismo de petición brinda a los ciudadanos la posibilidad de influir directamente en la política europea, y la Carta de los Derechos Fundamentales pasa a ser jurídicamente vinculante.
El nuevo Tratado modifica los de Roma y Maastricht y no sólo dota a la Unión de un nuevo marco jurídico, sino también de instrumentos que le permitan afrontar las dificultades propias de un mundo cada vez más interdependiente.

